Como un barco que naufraga, aquella extraña visión de futuro nos perforó las entrañas.
Cuesta ahora, volviendo la vista atrás, hacerse una idea correcta de cómo vivimos esos años.
Tengo unos recuerdos grabados en cinta de una pandilla que lo único que teníamos en común era la ausencia de miedo a las palabras. Parece raro, pero desde que soy capaz de mirar a mi alrededor sin sujetarme a esa cuerda invisible, me he dado cuenta de que existe una incapacidad generalizada de decir lo que uno siente.
Ellos no.
Mis amigos me dijeron aquello que yo nunca quise oir y, a su vez, las cosas más maravillosas del mundo.
Esa sensación la volví a tener el día en que se casó El Chico Mosca. Dos horas después del "Si, quiero" me sacó a bailar. Y como si nada más existiera, me dijo aquello de:
-Eres lo mejor que me ha pasado en la vida. Moriría por ti.
Sálvese quien pueda, pensé. Lo acabo de perder para siempre.
El último día que le vi, picábamos algo en su casa. Me llamó desde la cocina. Sigue buscando regalarme algo de esa antigua intimidad que sabe que ha desaparecido desde que es "El Papá Mosca".
Si de algo estoy convencida es de que la amistad entre un hombre y una mujer se rompe desde el momento cero en el que surge el amor hacia una tercera persona.
Me ha pasado siempre, como si quererse se redujera simplemente a dos. Como si no puediera seguir mirándome de la misma manera sin temor a engañar a su pareja.
La Princesa P se ha puesto el pelo rojo. Está guapa. Es guapa. Y la echo de menos. Fíjate qué curioso que nos encontramos el día de los enamorados.
La vida no pasa sin ella. Es como si en nuestro destino común hubiese una tecla de PAUSE que una mano traviesa utilizara a su antojo. Ella fue la primera que me dijo, sentada al borde de la piscina (cuántos tendríamos... ¿14?) "Si te pasara algo, yo me muero". La creí. La creo siempre, aunque me mienta. O aunque se calle. Creo en sus silencios bastante más que en mis palabras.
La llamé de madrugada la última vez que me dejé vencer por FJ. No me cogió. Quería oir su voz, que me dijera "basta ya" o "déjata ganar esta vez".
Ella sabe cómo me rompo. Ella me sabe recomponer.
Siempre ha habido personas increibles revoloteando a mi alrededor. Dejo que vengan y se vayan, que vuelen hacia donde quieran siempre y cuando recuerden cual es el camino de vuelta.
Sin que se den cuenta, les ato un hilo casi invisible al tobillo izquierdo, del que tiro cuando noto su ausencia.
Para tenerlos cerca. Para tenerte cerca.
Esos amigos no se pierden nunca. Están siempre.
ResponderSuprimirYo tb tengo alguno así.
De hecho, noto que son amigos de verdad porque, aunque pasen años enteros sin vernos o sin hablar, cuando nos volvemos a encontrar es como si el tiempo no hubiera pasado y somos capaces de retomar la conversación como si nos hubiésemos visto el día de antes...
A mí tb me mola esa gente que tengo alrededor de esta manera.
:)
Besos!!
Es estupendo ¿verdad? Cuando no hace falta nada, ni llamarse, ni quedar... ni siquiera hablar. Esa gente que solo con verla te hace sonreir. Besos
SuprimirYo también las tengo.. son con las que no se finja, las que no juzgan.. y sobre todo, sobre todo las que siempre, siempre están.. ¿se puede pedir más?..
ResponderSuprimirSOMOS MUY AFORTUNADAS!!!
Besazos!!!!!
Somos las más afortunadas!! Si, con los que no se finje y a los que no se miente. Aquellos que te apoyan aunque no estén de acuerdo contigo, los que no te juzgan, los que aceptan tus defectos porque son tuyos y con eso les basta.
SuprimirBesos a destajo!!
Estas amistades de la infancia son las únicas que te permiten ser de verdad como eres. Cuando eres niño no tienes cortapisas o complejos, o prejuicios que te impidan decir lo que sientes, sea bueno o malo, sobre el otro, por eso con esos amigos cuando te reencuentras no te corttas...las amistades de la madurez son distintas, más comedidas, más delicadas pues no te puedes comportar igual, no puedes decir ciertas cosas ni mandarlos a la mierda como haces con los otros, como dice un amigo mío, "cuando has dormido con uno desde pequeño, le has visto el culo mil veces, cagando, comiendo....puedes decirle lo que te de la gana" y es cierto, con los amigos posteriores no puedes, ya estás imbuido de prejuicios o convenciones sociales y no les conoces tan bien ...en fin nos pasa a todos...
ResponderSuprimirPues fíjate que aunque en ciertas cosas te doy la razón, con los años me he dado cuenta de que no importa la edad con la que conozcas a alguien. Hay personas a las que te das y que se dan, a las que sabes que puedes contarle todo... Por suerte, esta vida siempre te sorprende y donde menos te lo esperas conoces a alguien que nunca querrá perderte. Eso es lo que quería decir: dos personas distintas, de distinto sexo, que aparecen en épocas muy diferentes de mi existencia y coinciden diciéndome algo tan maravilloso.
SuprimirBesos!!
Uff me ha llegado al alma...segun leia iba recordando pedazos de mi propia historia, a este o aquel amigo...me has conmovido de verdad que si...y mas ahora que cada dia me doy mas cuenta de la suerte que tengo por esos amigos tan maravillosos...
ResponderSuprimirun ebsito, y atalos bien fuerte!
En el fondo estoy convencida de que todos tenemos esta clase de amigos eternos. De vez en cuando no está mal recordar estas cosas... que nos quieren. Es la mejor manera de no volvernos grises y de recuperar un poquito de luz. Un beso.
Suprimirtienes razon, y yo la verdad es que como ya te he dicho, cada dia me siento mas afortunada por tener los amigos que tengo, son atemporales, nada puede con ellos...
SuprimirBEsos
Yo tengo pocos amigos así. Amigos, sólo uno (llevas razón; si hay pareja, es difícil que la amistad se mantenga). Amigas, alguna más. Y son un tesoro: te dicen las cosas tan claras que a veces duele, pero se agradece. Un beso :)
ResponderSuprimirEs cierto: amigos de esos no los hay a montones, por eso hay que saber dejar la puerta abierta para que entren y salgan cuando quieran. Consérvalos.
SuprimirBesos.
Qué feo es echar de menos, verdad?
ResponderSuprimirSi, querida Aida, bien feo... En realidad de eso se trataba la entrada, no en si de la amistad, sino de esa angustia repentina de saber que se alejan,que se van al fondo del mar. Y que allí se quedan, pero que a veces no queda más remedio que bucear a pulmón para poder verlos. Vida perra. Muaks
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